La Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (Adifort) compartió el testimonio de una verdadera historia de amor y fe, mediante el reencuentro de una familia que pasó 24 años sin saber absolutamente nada del paradero de un importante ser querido.
En nuestro personaje de este viernes 4 de setiembre, conocemos la historia de Ana Villalobos y Verónica Vallecillo, madre e hija de Minor Villalobos, a quien le perdieron el rastro en julio de 2002.
Doña Ana tiene en la actualidad 80 años de edad y reside en La Uruca.
Ella narró en su testimonio que la desaparición de Minor, sucedió a partir del funeral de su cuarto hijo, Alberto, quien falleció a causa de un accidente.
Desde entonces no perdió nunca la esperanza de volver a reencontrarse con él, incluso, a lo largo de dos décadas peregrinó por varios templos de Roma, Colombia, México, República Dominicana y Tierra Santa. También visitó el Cristo Negro de Alajuelita y la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago, donde pidió su intercesión en la búsqueda.
“Desde que Minor se fue, todos los años he hecho la Romería, pero este año fue muy distinta. Sentía una gran alegría como si fuera la última que la fuera a realizar. Logramos ingresar a la Basílica y todo. Le pedí a la virgencita que me devolviera a mi hijo como estuviera, sin importar su condición”, manifestó doña Ana previo a enterarse que por medio de una fotografía difundida en redes sociales se diera la pista que necesitaban para ubicarlo.
De manera puntual, la familia comentó que la publicación permitió a muchas personas identificarlo y situarlo en este distrito sancarleño donde trabajó como bartender y salonero algún tiempo.
Finalmente, Ana y Minor volvieron a abrazarse después de un largo periodo, el pasado 16 de agosto de 2026.
Particularmente, la familia logró dar con Minor a través de Adifort, ya que, desde marzo de este mismo año, la organización comunal lo rescató y le brindó una segunda oportunidad para salir adelante.
Le ofreció alimento, techo y atención médica a través de la clínica local y gestionó su traslado a la casa del Refugio Emmanuel, ubicada en El Tanque.
Este centro se dedica a ayudar a hombres con problemas de drogadicción, abandono o en condición de calle.
A sus 59 años, Minor tuvo una alegría más, pues también se reencontró con su única hija, Verónica. Tras 12 años de no verse, el pasado 29 de agosto todo cambió para ellos, ya que volvieron a mirarse a los ojos y a sonreír juntos.
Verónica tiene en la actualidad 37 años, es madre de cuatro hijos y vive en Puriscal.
Para Verónica, volver a tener contacto con su padre significa: “una nueva etapa en la cual trataremos de sanar heridas y conocernos. Esa niña que recuerda a su papá puede ahora florecer y convivir con él. Quiero que conozca y conviva con sus nietos. No quiero saber qué pasó, solo aprovechar esta oportunidad como padre e hija”.
Para Minor este reencuentro con su familia es memorable e invaluable y le da infinitas gracias a Dios.
Le dice a los jóvenes que conozcan su historia, que las drogas no son un juego.
Don Minor aprovechó para extenderle un agradecimiento a cada una de las personas que le dio una mano en los momentos en que más lo necesitó, cuando su hogar fueron las calles.
Ahora esta familia tendrá un nuevo comienzo, en el que la pieza fundamental será el amor que los une, el cual pasó de estar en medio de la incertidumbre a la esperanza.
Así como Minor hay 13 personas más en condición de calle o vinculados a las drogas en el Refugio Emmanuel, quienes esperan iniciar un nuevo capítulo en sus vidas.












