Cinthia Pérez Elizondo fue una de las más de 600 personas que imparten catequesis en la Diócesis de Ciudad Quesada y que se reunieron este sábado 5 de setiembre en el Día Diocesano del Catequista 2026.
De manera muy especial, ella es una semillita de las que cultivó con mucho amor y vocación doña Idalí Acuña Arguedas, quien lleva 56 años formando a niños, jóvenes y adultos en las diferentes etapas del Catecismo en el territorio diocesano.
Ahora Cinthia suma más de 30 años de servicio al Señor. Su vocación también la llamó a convertirse en catequista.
Ella comenzó su servicio en la Parroquia San Roque; y, desde hace cuatro años continúa en la comunidad de Peje Viejo, en la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Florencia.
Según contó, fue doña Idalí quien la preparó para recibir su Primera Comunión y su Confirmación, y, fue en uno de esos encuentros donde un cántico denominado: “Jesucristo me dejó la inquietud”, marcó un antes y un después en el rumbo de su vida y lo que verdaderamente la llamó a convertirse en catequista.
Para ella, haber dedicado más de tres décadas a este ministerio ha sido una experiencia inolvidable.
“El Señor vio algo en mí que me llamó”, expresó.
Mencionó que durante el camino se ha encontrado a varios de sus exalumnos como catequistas también.
Ella motivó a sus compañeros a continuar al servicio de todos los niños, jóvenes y adultos que encuentran a través de la catequesis las respuestas a sus distintas necesidades.
El grupo que asistió al Día Diocesano del Catequista desde Florencia fue de aproximadamente 50 personas.












