El pasado jueves 13 de agosto la Iglesia Católica en Costa Rica consagró un nuevo sacerdote.
Se trata de José Manuel Araica Cruz, de 34 años de edad, vecino de San Rafael, de Guatuso; y, perteneciente a la Orden de San Agustín.
La celebración se realizó a las 6:00 p.m., en la Parroquia Nuestra Señora de La Candelaria, en Venecia, mediante la imposición de manos de Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada.
En su homilía, Monseñor Garita agradeció, en primer lugar, la fidelidad de Fray José Manuel, al llamado del Señor de disponer su vida a la vocación sacerdotal.
“La ordenación de Fray José Manuel Araica Cruz es un don para la Iglesia universal, para la familia agustiniana y también para esta diócesis que lo vio nacer en la fe y acompañó el despertar de su vocación”, dijo.
Por su parte, las lecturas de la celebración, hicieron referencia a la permanencia del sacerdote en el amor del Señor al servicio de sus hermanos.
“Todo comienza con Dios que llama, continúa con un corazón que responde y culmina en una vida ofrecida por amor”, apuntó el Obispo de Ciudad Quesada.
“Querido Fray José Manuel, hoy el Señor no te pide a Isaac, sino algo más grande: te pide tu propia vida. Desde este momento ya no te perteneces. Tus talentos, inteligencia, capacidades, proyectos y hasta tus sufrimientos serán para el pueblo de Dios. La identidad del sacerdote nace precisamente aquí: saber con absoluta claridad a quién pertenece. Antes que administrador, organizador o líder, debes ser un hombre de Dios, configurado sacramentalmente con Cristo, Buen Pastor”, le dijo Monseñor Garita al nuevo fraile.
Además, le recordó algunas de sus nuevas tareas como presbítero, entre ellas “escuchar pacientemente las confesiones, visitar a los enfermos, acompañar al que sufre, estudiar la Palabra, vivir la fraternidad, obedecer con alegría y servir sin buscar reconocimientos”.
“Nadie tiene amor más grande, que el que da la vida por sus amigos”, recordó Monseñor Garita ante un templo repleto de fieles quienes acompañaron a Fray José Manuel en su ordenación.
Le encomendó, además, “ser un hombre de Dios, antes que un hombre del mundo”, así como que nunca olvide que la meta de su vocación no es la ordenación, si no “el comienzo de una nueva forma de pertenecer completamente a Cristo”.
Finalmente, lo encomendó a la Virgen María para que lo guíe con amor.
Al concluir la Misa y rito de ordenación, Fray José Manuel compartió unas breves palabras de agradecimiento ante su familia y amigos.
Inició dando gracias a Dios y a quienes lo han acompañado en los momentos de alegría e incertidumbre.
“Si hoy he recibido el sacramento del orden y he sido llamado al Ministerio Sacerdotal no es porque yo tenga méritos especiales, sino porque Dios ha querido confiarme este don y esta misión”, expresó.
En su mensaje también agradeció a Monseñor José Manuel por su cercanía, confianza e incorporarlo al presbiterio.
También le dio gracias por enseñarle que una Parroquia no es únicamente un templo, sino una familia reunida en torno a Jesucristo; y, a cada uno de quienes ofrecieron sus servicios para que su ordenación fuera posible.
“Hoy comienzo una nueva etapa. No quiero vivirla desde la autosuficiencia, sino desde la confianza en Dios”, manifestó.
En su mensaje, pidió a todos continuar orando por él y su ministerio.
“Quiero ser un sacerdote con los pies en la tierra y el corazón en Dios; un sacerdote cercano, disponible y misericordioso”, añadió.
Afirmó que sus padres fueron quienes le dieron la vida y quienes le enseñaron el valor de la fe y el trabajo honesto a través de su ejemplo, respetando el camino que el Señor iba trazando en su vida pese a las preguntas y los días de incertidumbre.
Entre lágrimas y aplausos, el fraile bendijo al final de su mensaje a la Diócesis de Ciudad Quesada y a la Orden de San Agustín.
Fray José Manuel se convirtió en el primer sacerdote ordenado del cantón de Guatuso, bajo el lema: “El corazón del hombre considera su camino, pero el Señor dirige sus pasos”, Proverbios (16,9).












