Sandra Rodríguez Lizano es una mamá de 45 años de edad y vecina de la comunidad de Gamonales en Ciudad Quesada.
Rodríguez hace de todo uno poco, asegura que ha sido toda su vida vendedora, ha trabajado en el arte de las manualidades, venta de comidas, panes y postres; además, hace masajes físicos y emocionales; es reflexóloga.
Doña Sandra se describe así misma como una feliz madre, ama de casa, esposa, como una persona todo terreno, porque ha enfrentado situaciones difíciles de las que ha salido adelante solo con la ayuda de Dios.
Asegura que es una mamá que no se da por vencida, una madre que siempre tiene amor para dar a los demás y espacio para escuchar a quien lo necesite.
Lo que más disfruta hacer es salir a caminar en compañía de su hija Fernanda, esto porque Fernanda aún el año anterior, debía pasar la mayor parte de su tiempo en una silla de ruedas a causa de un problema en sus rodillas.
Para doña Sandra es importante poder ayudar y aliviar a las personas a través de su sala de masajes, pero convertirse en madre, fue para ella uno de sus mejores regalos.
Doña Sandra tuvo junto a su esposo José Eduardo Alvarado, tres hijos: Eduardo de 23 años de edad; Evelyn quien ya falleció, pero vive en su corazón, y tendría 20 años; y la más pequeña, Fernanda, quien pronto cumplirá 18 años.
Para Doña Sandra una mamá, es “mamá por siempre” porque recuerda que cuando su hijo nació, padecía de cólicos, lloraba toda la noche y no la dejaba dormir.
Uno de esos días de desvelo decidió llamar a su madre en horas de la madrugada, para preguntarle qué podía hacer para que dejara de llorar.
Recuerda que le preguntó: “¿a qué edad los hijos dejan dormir a los papás?», a lo que su madre le respondió: “¡nunca!, no ve la hora a la que usted me está llamando”.
Para Sandra esa anécdota le dejó más que claro que una mamá, es “mamá por siempre”, porque desde que nacen los hijos no se vuelve a ser la misma persona.
Cuando se convierte en mamá se gana una nueva identidad y los hijos se vuelven un motor para caminar, dijo.
Uno de los momento más angustiantes que ha pasado como mamá fue cuando su hijo desarrolló una epilepsia que permaneció con él durante ocho ochos.
Hace ya cuatro años que no volvió a convulsionar, pero poco después de la alentadora noticia, su hija Fernanda cayó en una silla de ruedas.
Un hecho imborrable para doña Sandra fue el perder a su hija Evelyn y no poder volver a darle un abrazo o un beso.
Asegura que no volvió a ser la misma persona, pero el amor la motivó a seguir adelante, a ser más entregada como madre y afectuosa con sus hijos para disfrutarlos al máximo.
Su mayor sueño siempre fue viajar con ellos, llevarlos a un lugar especial, pero por su situación económica no podía hacerlo.
Sin embargo, como vendedora de Renaware logró ganar un viaje a las Bahamas y así cumplir uno de sus más grandes sueños junto a su familia.
Reveló que lo mejor que una madre puede enseñarle a sus hijos son los valores, los principios, el respeto y el amor a Dios, a través del ejemplo. Acciones que hoy puede ver a través de Eduardo y Fernanda.











