En una Eucaristía llena de signos y significado, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, en comunión con sus sacerdotes y fieles, pidió orar para que tengamos sacerdotes santos.
“Queridos fieles laicos, oren mucho por sus sacerdotes para que sean santos, fieles reflejos de Cristo el Buen Pastor. Oren para que no se cansen de su vocación y ministerio, para que no se desanimen ni pierdan el amor primero. Queridos seminaristas, que se están formando para el sacerdocio ministerial, tomen muy en serio este camino, sean conscientes de que se trata de un sí y una consagración para toda la vida al Señor y a la Iglesia”, señaló en su homilía.
La Misa Crismal tiene un fuerte carácter bautismal y sacerdotal. “De manera particular, conmemoramos la institución del sacerdocio ministerial, por ello, especialmente recordamos el día de nuestra ordenación que nos consagró como ungidos del Señor para siempre y actualizamos los compromisos sacerdotales que asumimos con Dios y con la Iglesia de por vida”, señaló.
“Damos gracias al Señor por el don inmenso de los sacerdotes, principales colaboradores del obispo, y también agradecemos por ustedes, queridos laicos, que nos acompañan y sostienen con su oración, cercanía espiritual y confianza en el ministerio santo que prestamos en favor de ustedes”, agregó.
La celebración comenzó a las 10:00 a.m. en la Catedral de Ciudad Quesada, precedida de una procesión de entrada en la que ingresaron seminaristas, diácono, acólitos, sacerdotes y el Obispo de Ciudad Quesada.
“El acento principal de esta solemne Misa es la unción, así lo proclama el contenido de la Palabra de Dios, así lo expresan los signos y, sobre todo, el crisma que se consagra y los óleos que se bendicen. Por el bautismo y la ordenación sacerdotal, todos somos ungidos del Señor”, reflexionó el prelado. “Ungidos los laicos con el sacerdocio común de los fieles; ungidos particularmente los presbíteros por el sacerdocio ministerial y único de Cristo. Tanto unos y otros somos ungidos y enviados para una misión, para un servicio y una tarea que no es nuestra, sino de Dios; una misión que no nos pertenece, sino que se nos ha confiado”, destacó.
Monseñor exhortó a los sacerdotes, en especial, a asumir la misión encomendada para hacer el bien y ser testimonio vivo de Jesús.
“Nuestra identidad sacerdotal es ser y actuar como otros Cristos, con espíritu de unción y santidad, no de mundanidad como nos advierte el Papa Francisco”, comentó.
Monseñor Garita pidió a los sacerdotes ser humildes y obedientes para con Cristo y la Iglesia. Con el alimento de la Eucaristía, hizo un llamado a todos para pedir la fuerza y la gracia de ser santos y fieles.












