“Si no nos amamos de verdad, si no nos lavamos los pies los unos a los otros, no tenemos que ver nada con Jesús, como fuertemente le dijo a Pedro”.
Con estas palabras, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, exhortó a los fieles a cumplir la enseñanza de Jesús, para dar testimonio verdadero de que somos cristianos.
En la Misa Vespertina de la Cena del Señor, que inició a las 6:00 p.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, el prelado recordó que conmemoramos tres hechos profundos e impresionantes: 1.- La institución de la Eucaristía. 2.- La institución del sacerdocio ministerial. 3.- El lavatorio de los pies y el testamento del mandamiento supremo del amor.
“Hemos sido salvados no tanto por el dolor de Cristo, sino por su entrega amorosa, total, gratuita y extrema de sí mismo por nuestra redención”, destacó el Obispo de Ciudad Quesada.
Monseñor comentó sobre el gesto de Jesús de lavar los pies, que “nos está dejando un legado completo sobre la manera en que debemos comportarnos con los que nos rodean”.
“Lavamos los pies del prójimo cuando nos acercamos a dar una mano a quien lo necesita, cuando escuchamos sus problemas. Lavamos los pies del prójimo cuando no escatimamos nuestro tiempo para visitar a un enfermo, a un anciano, a quien sufre. Sigamos lavando los pies, aunque en nuestra sociedad de hoy sea un gesto que pocos valoren e incluso que cause burla o crítica, pero estamos siguiendo las enseñanzas del Señor”, dijo.
“Amar se nos hace casi imposible cuando hay que hacerlo con los que nos han hecho daño, con los que no son ni piensan como nosotros. Entonces, ¿cómo hacer realidad el mandamiento del amor, el lavarnos los pies en el servicio, el dar la vida como Jesús?”, preguntó Monseñor Garita.
“El amor sólo puede venir de Dios y será posible solamente cuando escuchemos al Maestro, cuando cumplamos su palabra como norma de vida, cuando seamos obedientes en la fe, cuando seamos humildes y nos dejemos conducir por sus criterios y actitudes, no por nuestros pensamientos, ideas o intereses. La clave está en morir y renunciar a nosotros mismos”, indicó.
Sobre la Institución de la Eucaristía dio gracias al Señor y recordó que “sin Eucaristía no hay vida cristiana, sin Eucaristía no hay vida en el amor”.












