En la celebración eucarística de Lunes Santo, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, reflexionó sobre la necesidad de tener gestos concretos de amor a Dios, pero también, de amarlo en el hermano, sobre todo en el más necesitado.
“Jesús quiere abrirnos los ojos para ser capaces de contemplar el amor y la misericordia de Dios, y sobre todo viene a liberarnos de nuestras esclavitudes a causa del mal y del pecado”, expresó.
El Evangelio de San Juan en este Lunes Santo, recuerda el pasaje de la unción con el perfume costoso de nardo, que hace María en Betania, sobre Jesús, como anuncio claro de la muerte de Cristo, pues el mismo Señor dijo que ella lo tenía guardado para su sepultura.
“En efecto, María unge a Jesús seis días antes de la pascua. Esta mujer nos enseña con su acción la fe profunda que tenía y con ella ofrece lo más precioso que tenía”, dijo Monseñor en su homilía.
“La fe nos lleva a dar y entregar lo mejor para Dios. La intervención demagógica e hipócrita de Judas (quien reclama que se gaste el perfume en Jesús y no en venderlo para dar dinero a los pobres) da paso a que entendamos que, sin descuidar a los pobres, estamos llamados a tener gestos y actitudes de amor para con Jesús, para compartirlos luego con los hermanos, sobre todo con los más necesitados”, agregó.
Al respecto, Monseñor trajo a nuestra actualidad la pobreza y la pobreza extrema que se han mantenido estancadas por más de dos décadas en Costa Rica.
“Parece que hemos asumido actitudes como las de Judas. Pareciera que no hay interés real en sacar a casi 1.300.000 personas de la pobreza. Tomemos conciencia y compromiso, como verdaderos cristianos, y pidamos a nuestras autoridades que, de una vez por todas, se unan en la toma de decisiones para romper con este flagelo en el cual se sumen cientos de miles de nuestros hermanos”, señaló el Obispo de Ciudad Quesada.
“El Señor nos ha enseñado que el mandamiento supremo es el amor a Dios y el amor al hermano, que uno no existe ni se da uno sin el otro. Hoy, en nuestra realidad y en nuestro presente, amamos a Jesús en la persona visible y concreta del hermano; amamos a Dios, a quien no vemos, en la persona del prójimo, a quien sí vemos”, indicó.
Monseñor exhortó a que vivamos en el amor a Dios y a los hermanos como el centro y el fin de nuestra fe.












