En el 391 aniversario del hallazgo de la venerada imagen de Nuestra Señora de los Ángeles y el centenario de su coronación pontificia, se celebró la Eucaristía Solemne, presidida por el Obispo de Cartago, Mons. Mario Enrique Quirós Quirós, este domingo 2 de agosto.
Con presencia de los obispos del país, el Nuncio Apostólico, Mons. Mark Gerard Miles, autoridades de distintos poderes del Estado, resaltando la presencia de Laura Fernández Delgado, presidenta de la República, la mañana se engalanó para festejar a la Patrona de Costa Rica, la querida “Negrita”.
Cientos de fieles se hicieron presentes en la plazoleta del Santuario Nacional, mientras otros aún arribaban para concluir la Romería, que alcanzó su punto culminante el 1 de agosto, Día del Peregrino. Con ello, se completó una multitud de millones de costarricenses y de personas provenientes de otros países que, mediante promesas y acciones de gracias, rinden tributo a la Virgen de los Ángeles, cada año.
La procesión solemne tuvo su mayor eje de atracción en la venerada imagen de la Reina de los Ángeles, que hizo honor al lema celebrativo: “Una mujer vestida de sol y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12,1).
Otra corona
Fue el Obispo de Ciudad Quesada, Monseñor José Manuel Garita Herrera, quien pronunció el discurso homilético, esperado por propios y extraños en el actual contexto que vive el país.
Haciendo alusión al centenario de la corona en la imagen, afirmó que “la mejor corona que podemos ofrecerle (hoy a la Virgen) no está hecha de oro ni de piedras preciosas. La verdadera corona será una Costa Rica reconciliada consigo misma, una nación donde disminuya la violencia porque crece el respeto por la vida, donde haya más oportunidades para los pobres, donde los jóvenes puedan recuperar la esperanza y las familias vuelvan a encontrarse; un país donde prevalezca la cultura del encuentro, la unidad y la paz”.
El prelado no escondió las problemáticas del país. “Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar: la violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares, la criminalidad hiere profundamente el tejido social, el narcotráfico continúa destruyéndonos; la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo”.
También habló de la incertidumbre en las familias, la pobreza y las escasas oportunidades para muchos hermanos y los jóvenes, en particular.
Monseñor Garita señaló la necesaria unidad para hacer frente a esas problemáticas nacionales, donde nadie debe quedar excluido.
Acá hizo una alusión a la Madre de todos, la Virgen María, Reina de los Ángeles. “Aquella pequeña piedra hallada hace casi cuatro siglos continúa proclamando un mensaje que conserva toda su fuerza: delante de Dios no existen privilegios ni exclusiones; todos somos hijos amados y todos cabemos en el corazón de la Madre para vivir en unidad y paz”.
El Obispo de Ciudad Quesada, al observar la realidad que nos toca vivir, destacó que María vuelve a repetirnos clara y urgentemente las palabras pronunciadas en Caná: «Hagan lo que Él les diga» (Juan 2,5).
“Nuestra nación vive momentos que reclaman la responsabilidad de todos. María nos enseña el camino de la esperanza activa. Nuestra Señora de los Ángeles ha sido, a lo largo de nuestra historia, factor indiscutible de identidad y de unidad nacional. Cuando el país ha vivido momentos difíciles, el pueblo ha vuelto sus ojos hacia la Madre. Ella nos recuerda que somos una sola familia y que el futuro de Costa Rica solo podrá construirse desde la armonía, el entendimiento y la búsqueda honesta de intereses y metas comunes que garanticen el bienestar integral de todos”, reflexionó Monseñor Garita.
Desde la Iglesia, Monseñor Garita comentó que el llamado sigue siendo constante para cultivar el respeto mutuo y buscar el bien común. El ejemplo de la Madre, es que ella “nos reúne y nos acerca unos a otros”.
“Nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse incluso cuando piensan distinto, de trabajar juntos por la justicia, la paz y el desarrollo integral de todos. Necesita familias que vuelvan a ser escuelas de amor y de reconciliación; educadores que formen en valores; jóvenes que descubran la belleza de entregar su vida por ideales grandes; gobernantes y servidores públicos que ejerzan su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio; ciudadanos comprometidos con una cultura de legalidad, solidaridad y cuidado del prójimo”, subrayó en su homilía.
Desde la sencillez de la pequeña imagen de María, encontrada en Cartago, el pastor diocesano de Ciudad Quesada invitó a realizar actos sencillos para contribuir a la paz y la unidad: una palabra de reconciliación, un acto de justicia, una mano tendida al necesitado, una familia que ora unida, un joven que decide vivir con honestidad, una nación que trabaja por caminar unida y en paz.












