“Expresamos nuestra solidaridad con todos los obispos, sacerdotes, comunidades religiosas y laicos de ese país hermano que afanosamente trabajan por la Viña del Señor; a pesar de las dificultades y pruebas que encuentran en su camino”.
De este modo, el Secretario Episcopal de América Central (Sedac) envió un mensaje, el 16 de junio, con motivo de la Solemnidad del Corpus Christi, a la Iglesia de Nicaragua.
“De manera especial, nos solidarizamos con Mons. Rolando Álvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí; y, con el Pbro. Harving Padilla, párroco de la Parroquia San Juan Bautista de la Ciudad de Masaya; quienes sufren la vulneración de su derecho a la seguridad y libertad plena”, dice el comunicado.
Los obispos hacen hincapié en la necesidad de que la fe católica en Latinoamérica se pueda transformar en una vida más digna para todos. “Por esta razón, manifestamos que escuchamos el clamor del pueblo nicaragüense y nos apena la situación social, económica y política que atraviesa provocándole dolor y sufrimiento”, expresan en el mensaje.
“Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, unimos nuestras oraciones con las de la Iglesia en Nicaragua, pidiendo a Dios por la comprensión, la tolerancia, el diálogo, la unidad y la paz. Con el Papa Francisco oramos: Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Dispón los oídos de los líderes de la nación para escuchar el clamor de sus ciudadanos que piden transformar las armas en instrumentos de paz, los temores en confianza y las tensiones en perdón. Mantén encendida en todos la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, para que finalmente triunfe la paz”, agregaron, tomando la oración por la paz del Santo Padre, del 8 de junio de 2014.
En el mensaje se exhorta “a las autoridades civiles y militares a buscar y encontrar caminos de diálogo que posibiliten la convivencia armónica entre los ciudadanos y las instituciones que conforman el entramado de dicha sociedad, entre ellas la Iglesia que a lo largo de cinco siglos ha velado con amor por dicho pueblo. La sangre de Monseñor Antonio de Valdivieso, derramada en 1550 en defensa de los derechos de las víctimas del sistema del gobierno colonial, es testimonio de ello”.
Con motivo de la Solemnidad “conociendo la fe, amor y devoción de nuestros pueblos, y, siendo el nicaragüense uno de ellos, pedimos a Nuestro Señor Jesús, que por su Cuerpo y Sangre se logre la unidad nacional tan anhelada y necesaria en Nicaragua”, señala el documento firmado por Mons. José Luis Escobar Alas, presidente del Sedac; y Mons. Gregorio Cardenal Rosa Chávez, secretario general de este organismo.












