María Gabriela Barrantes Madrigal nació hace 49 años en Nicoya, Guanacaste; creció en el cantón de Hojancha y hoy reside en Boca Arenal de San Carlos.
Tiene 26 años de casada con Carlos Luis Sequeira, a quien considera un esposo muy bueno. Gracias a la bendición de Dios, ambos criaron cuatro hijos y hoy disfrutan de una nieta.
Gabriela proviene de una amplia familia ramonense, su madre María Virginia Madrigal Alpízar, quien ya falleció, y su padre, Diego Barrantes Gamboa, tuvieron 11 hijos.
María Gabriela es ama de casa, además, canta misas, rosarios, y toda actividad relacionada a celebraciones, como primeras comuniones, matrimonios y funerales.
La música le ha permito a Gabriela tener un ingreso económico para el hogar.
La pasión por la música y el canto llegó a la vida de Gabriela como una necesidad desde su etapa de adolescencia, considera que es parte del descubrimiento como joven, de en qué se va a desenvolver.
Fue así como desde muy temprana edad tomó la decisión de integrar un coro de la Iglesia, donde aprendió a tocar la guitarra gracias a Rogelio Ledezma, en la comunidad de El Esterito de Pocosol.
Conociendo los acordes de la guitarra a sus 12 años de edad, su tiempo libre le permitía también escribir canciones.
Recuerda que una de sus primeras canciones se la dedicó a su madre, y así se fueron despertando sentimientos al transcurrir el tiempo.
Gabriela se describe así misma como una persona multifuncional, porque le gusta “hacer de todo”, el contacto con la gente, participar en comités, hacer pan y promover emprendedores.
Lo que más disfruta es servir, incluso integra el Comité del Centro del Adulto Mayor de su comunidad.
Agregó que hace mucho tiempo dejó de contar las canciones que ha escrito, pero son cerca de 60 temas.
Para Gabriela ser reconocida en la música va más allá de un homenaje o un premio, para ella, ser reconocida en la música es poder observar en alguien la mayor expresión de sentimiento en sus rostros al escuchar alguna canción, esto lo considera el mayor reconocimiento que ha podido recibir a través de su arte.
Sin embargo, recuerda que en Pavón de Los Chiles recibió un homenaje en el Festival de La Esperanza.
Para la cantante el mayor aprendizaje que le ha dejado la música, es entender que se puede ser “micrófonos de vida”, a través de una creación que viene de la cotidianidad e inspiración de una ama de casa cuidando de sus cuatro hijos, y llevar un mensaje productivo a una sociedad que tanto lo necesita.












